martes, 17 de noviembre de 2009

El lado oscuro del guía...

La definición de guía está muy clara: Aquello que dirige o encamina.
Aunque me gusta más lo de...: Persona que encamina, conduce y enseña a otra el camino.
De hecho hay varias acepciones, pero entre ellas una que me ha llamado especialmente la atención: Especie de fullería en los Naipes. Sobre todo por su posible interpretación y es que los más eminentes adalides, también han tenido su lado menos dirigente.

Ya que en lo personal, en lo profesional, incluso en lo espiritual es posible retorcer los sentimientos y planteamientos de cualquiera que esté a nuestro alcance, solo basta con tener la osadía de entrar en su vida con la única intención de frustrar sus sueños.
Todo esto ocurre, porque nuestras experiencias (¿debería decir inexperiencias?) nos hacen ser viles, nos hacen estrangular lo que nos queda de niños, lo que nos queda de voluntad creativa, sin afiliaciones, sin intereses, solo guiados por el más puro sentimiento de la candidez.
¿Qué ha pasado con la inocencia?, ¿dónde está nuestra imaginación? y lo que es más importante ¿por qué destruir una buena intención?

Pero no, no estoy hablando de arrebatos, no, solo hablo de premeditación, a sabiendas de qué, cómo, cuándo y dónde ocurren los acontecimientos,

¿Errores?, muchos, quizá demasiados pero errores siempre habrá, unos con indulto y otros sin él. Aunque nos pese, seguiremos teniendo la sensación de ser capaces de hacer las cosas bien, pero seguiremos teniendo errores. En ocasiones provocados por el despiste, otros por el desconocimiento, algunos por obcecarnos en seguir el camino equivocado a sabiendas de en qué incurrimos.

No podemos estar vendiendo nuestras lágrimas, no es bueno, tampoco comprarlas, pero mucho peor es después de haber hecho la transacción regodearse en ella, utilizarlas como arma arrojadiza y hacer que parezca que son los demás los que han errado, haciendo ver tu estatus por encima del más “débil”. Eso no se lo puede permitir un líder, porque solo demuestra su propia debilidad.

Pero esto no es más que un simple punto de vista, de muchos a los que se puede aludir, interpretar y pensar, según nuestras creencias y sobre todo experiencias... o ¿debo decir inexperiencias?

domingo, 24 de mayo de 2009

Empecemos a intentar ser positivos...

La vida da vueltas, pero ¿a que da vueltas?, o ¿somos nosotros los que damos vueltas?, ¿a la vida...?.
Las decisiones que tomamos están sujetas a las experiencias que extraemos de las vueltas que da la vida o las vueltas que le damos a la vida. Cuando nos encontramos con un nuevo camino, cuando estamos ante un cruce de decisiones o simplemente en un callejón “sin salida”, nos damos cuenta de que no sabemos quien o que es lo que da vueltas.

Lo difícil no es tomar decisiones, lo realmente difícil es saber sin son decisiones correctas, ¿o quizá no?. Es posible que no estemos en lo cierto cuando tomamos un camino, pero lo importante es tomarlo, es sentir que lo que hacemos es lo que sentimos que debemos hacer. Saborear lo que vivimos en ese momento, sin pensar a donde nos lleva, sin saber donde está la meta, sencillamente ponernos manos a la obra y trabajar en lo que creemos. Por eso cuando lleguemos, valoremos lo que tenemos y entonces tomemos decisiones.

Pero amig@ no intentes simplemente hacer que cambie el sentido de la vida, ayúdate a entender lo que necesitas, no adquieras simplemente lo que quieres. No todo es de color de rosa (menos mal) pero disfruta de tus posibilidades.

lunes, 18 de mayo de 2009

Dime con quien andas...

Sentado frente al televisor como todas las tardes, mirando esa caja tonta que tanto le entretiene y no le deja escapar, observa sin atender a nada de lo que retransmiten, se limita a seguir con el movimiento de los ojos las imágenes que se suceden una tras otra. Se ilusiona con el mero hecho de poder ser protagonista en un mundo guardado en una caja. Se emociona incluso cuando alguien gana un buen premio, tiene un gran corazón.

En algún momento lúcido encuentra un recuerdo que le lleva hasta cuando era joven, un hombre con carácter, con inquietudes, con don de gentes, sano, un tipo en forma. Recuerda que jugaba en un equipo de fútbol del barrio, recuerda que alardeaba delante de las chicas, de sus heridas de guerra. Tubo un accidente de niño que le dejó marcado parte del cuerpo. Eso nunca fue un handicap para ir a la playa, por ejemplo, y contemplar que la gente se le quedaba mirando cuando mostraba su torso desnudo, sus piernas, sus manos... Esto no le impidió poder hacer lo que quería, poder ejercer en cualquier trabajo, tampoco impidió salir adelante en las peores condiciones económicas, saber levantarse en los peores momentos, tenía coraje, tenía lo que había que tener. Era un hombre con buen humor, siempre bromeaba, sonreía y muy hablador, sabía como hacerse con cualquier negocio para llevarlo adelante y mostrar su nivel profesional. Hizo amigos hasta en el infierno, como le gustaba decir.

Vuelve a su caja tonta, vuelve a seguir las imágenes sin ton ni son, vuelve a su autismo envuelto en un alo de incomprensión hacia los que le han abandonado, esos a los que hizo tantos favores, esos a los que tanto ayudo, con sus negocios. Se siente viejo, lo parece aún más. Llora por las noches, para intentar mantenerse un día más luchando por poder volver a sentarse y contemplar de nuevo el televisor, no tiene otra cosa mejor que hacer.

Pero tiene amigos, tiene inseparables amigos, alguien que le ayuda a olvidar en los peores momentos, alguien que siempre está ahí para celebrar cualquier momento bueno o malo, nunca le abandonó. Esa amistad que le llegó del infierno, esa amistad que le quema por dentro y le agria por fuera. Esa amistad que tanto le quiere y tanto odian los que le quieren. Nunca comprendió el motivo del porque nadie quería ver el lado bueno de su amistad, porque no le dejaban irse de paseo con ella, “¡que me dejen en paz!”. Su gran amiga, amante y traidora..., ahora es él quien no puede dejarla.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Descanso...

Somos humanos con nuestros defectos y virtudes...
Alegar ignorancia cuando no se ha pasado por la percepción de lo vivido, cuando se comenten errores cruzando la barrera de nuestros principios, atesorando momentos felices a espaldas de tus propias creencias, ser asesor de tu engaño.
...así, ser feliz recurriendo a tu propia invalidez para afrontar la verdad, la realidad, la vida, en el amparo de la inestabilidad emocional, resulta cuando menos demagógico, intruso en sentimientos ajenos.

El daño producido por la incapacidad de leer entre líneas en lo aprendido, conservar la ineptitud de pretender ser inexpugnable ante el dolor, no es más que la demostración de una debilidad humana, sin raíces en la apreciación de valores anclados en el respeto y la humildad. Por ello no hay mayor deterioro que la de nuestra esencia, obteniendo como recompensa la infelicidad, la soledad, el resentimiento...

El perdón no es el remedio a los daños producidos, no es la salvación del alma. Hay que escudriñar en el camino del sentimiento hacia lo que uno cree, hacia lo que se persigue, afianzando tus propios principios sin detrimento al esfuerzo. Sin trabajo no hay premio, no cesa el dolor. Solo así se obtiene el bienestar, solo así se obtiene la paz.

lunes, 4 de mayo de 2009

La sonrisa de un niño...

Recuerdos de una infancia en la que con un amigo nos imaginábamos que teníamos una goma y un lápiz mágico. Nos recogía el autobús para ir al colegio, siempre nos sentábamos juntos para crear nuevas “imágenes” borrar nuevas realidades. Pensábamos que podíamos cambiar el mundo haciendo que aparecieran sombreros ridículos a las señoras que iban por la calle, en el trayecto que recorríamos todos los días. O utilizábamos nuestra “maldad” para “borrar” la motocicleta a ese señor que iba al trabajo.
Las consecuencias eran desastrosas en algunas ocasiones, sobre todo en las que imaginábamos “viendo” como la gente se reía del sombrero de la señora y del tortazo del señor.

En otras ocasiones hacíamos desaparecer los pantalones a los guardias que dirigían el tráfico y les “pintábamos” dos orejas de burro. Os podéis imaginar lo que se podía montar en la calle cuando los viandantes veían a la autoridad de esa guisa. Saludábamos a la gente que “tenían” cola de perro, incluso nos atrevíamos a ponerles parches en el ojo como si fueran piratas a las señoras. Nos lo pasábamos pipa.
Deseábamos que llegara el momento de ir a la escuela para coger el autobús y seguir con nuestras “travesuras”, los fines de semana imaginábamos nuevas hazañas para empezar a practicarlas el lunes siguiente. Era divertido.

Pero todo terminó cuando sucumbió la inocencia y nació la malicia. Cuando nos hacemos mayores y a fuerza de... experiencia. Se nos hace más aburrido el trayecto en autobús, en metro, en taxi... Nos hacemos débiles, vulnerables y dóciles. Sucumbimos a las ideologías, al bien y el mal, a la ambición, al poder, la codicia. Perdemos imaginación, para ganarlo en pos de nuestro beneficio propio. Sopesamos los pros y contras en cada una de nuestras decisiones.

Perdemos esa estación del año que nunca llueve pero todo florece, perdemos la capacidad de sorpresa, ya no existen esos amiguitos sospechosamente invisibles. Dejamos de saltar entre las nubes y además ya no saben igual. Nos cansamos cuando corremos, no tenemos energía, no somos capaces de saltar de un edificio a otro...

Que divertido sería de nuevo poder pintar sombreros ridículos a las señoras y reírse de guardias sin pantalones dirigiendo el tráfico. Solo diez minutos harían falta para poder “cambiar el mundo” solo diez minutos al día para poder volver a tener inocencia. Solo diez minutos bastarían, para poder sonreír todo el día.

martes, 28 de abril de 2009

Por fin estoy aquí...

Desde tiempos remotos el hombre ha necesitado escribir para poder comunicarse y evolucionar. Es sorprendente de que forma puede emocionar la palabra escrita. Excita además el mundo que se nos abre ante nosotros, gracias a las letras.

Resulta cuando menos intrigante saber que se siente al escribir, pero lo realmente especial es comprobar la reacción que esta escritura puede producir. Con toda probabilidad no resulte ameno a todo el mundo, quizá no incite nada especial a algunos. Pero el mero hecho de expresarme, de poder comunicar y “dibujar” lo que pasa por mi mente y ponerlo a disposición de quien esté al otro lado, ya es satisfactorio, esta es “la meta”.

Pues bien, ahora llega el momento de saber de que va esta “historia”. No es más que un intento de alcanzar “la meta”, de un modo que pueda expresar mis ideas, mis puntos de vista sobre uno u otro tema y hablar de lo que me hace sentir bien, de mis aficiones y poder, como digo, compartirlo con quien esté dispuesto a dejarse robar algún instante de su vida.

No quiero entrar en una verborrea que no lleve a ningún fin, solo quería expresar el motivo de porque estoy aquí, pero desde luego que no me gustaría terminar sin agradecer a quien más me ha animado a crear la oportunidad de comunicarme y contemplar la posibilidad de evolucionar como en tiempos remotos... alguien con quien comparto momentos, charlas e ideas. Aquel que tiene un don especial para escribir y comunicarse y me ha demostrado que expresarse es uno de los mejores dones que tiene el hombre.

Gracias Suri, gracias por darme este impulso.